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Buenas intenciones y mala conciencia en el campo antropológico trasnacional


Por Eduardo Restrepo1

Europa dejó de ser el centro de gravedad del mundo […] este es el acontecimiento o, cuando menos, la experiencia fundamental de nuestra época. Achille Mbembe

 

Hace ya más de una década, en conversaciones con colegas de diferentes países, perfilamos una serie de categorías que nos llevaron a pensar las antropologías que habitamos y nos interpelan de otras maneras.2 Estas conversaciones derivaron en la constitución de una red (Red de Antropologías del Mundo) y en una serie de planteamientos conceptuales que nos ayudaban a comprender lo que denominamos “antropologías del mundo”. Al entablar esas conversaciones, nos llamaba poderosamente la atención el juego de visibilidades y silenciamientos que constituía en un momento y contexto determinados cánones antropológicos, con sus efectos de frontera disciplinaria.

Nuestro punto de partida consistió en constatar que nunca había habido una sola forma de comprender y hacer antropología. Antes que una antropología lo que encontrábamos eran distintas (y no en pocos casos contradictorias) maneras de definir y realizar antropología. Por lo tanto, más allá de un ideal normativo, la antropología en singular no existe ni ha existido en ningún momento o lugar. Si dejamos el terreno de los textos de manual de antropología o de las fantasías disciplinarias de ciertos colegas para adentrarnos en los análisis históricos y etnográficos, encontramos que siempre han existido contradictorias y situadas maneras de enunciar y hacer antropología en disimiles contextos institucionalizados de configuración disciplinaria.

Ese ideal normativo, que podríamos denominar la antropología hiperreal, ha operado desde el sentido común disciplinario como un importante factor de estabilización y disputa de cánones antropológicos específicos, ha tenido efectos concretos de autorización y visibilización de ciertas antropologías y antropólogos al tiempo que marginaliza y silencia otras antropologías y antropólogos.

Aunque han existido múltiples maneras de imaginar y hacer antropologías en los distintos países, estas no se deben entender como entidades aisladas y autocontenidas que operan sin ninguna relación entre ellas. Al contrario, tales antropologías se inscriben de disimiles maneras en un “sistema mundo de la antropología” constituido por una imaginada comunidad antropológica trasnacional y en un heterogéneo ensamblaje de establecimientos antropológicos.

Con la noción de “sistema mundo de la antropología” se pretende comprender con mayor detalle las dimensiones analíticas de la economía política y la geopolítica del conocimiento en la desigual distribución de recursos materiales y simbólicos que instauran una serie de privilegios y permiten comprender ciertas asimetrías en los términos y contenidos de las conversaciones antropológicas. El sistema mundo de la antropología o, si se prefiere, el campo antropológico transnacional apunta a comprender las relaciones histórico estructurales de lo que Esteban Krotz ha denominado antropologías primeras y antropologías segundas o lo que Roberto Cardoso de Oliveira llamó antropologías metropolitanas y antropologías periféricas.

Las cegueras y silenciamientos de unas tradiciones, sin embargo, no pueden ser entendidas adecuadamente como simples ignorancias maniqueas de unos antropólogos en ciertos países del norte que perversamente quieren desconocer a sus colegas en establecimientos antropológicos periféricos. En primer lugar, porque muchas de estas cegueras y silenciamientos son compartidos y abiertamente reproducidos por los colegas y los establecimientos periféricos. Así, un antropólogo en Ecuador, por ejemplo, tiende a saber más de la historia, discusiones y autores de antropología estadounidense que de las vecinas antropologías en Venezuela o Colombia, para no hablar de las antropologías en Asia o África. En segundo lugar, porque dentro de los establecimientos antropológicos más visibles y audibles en el campo de la antropología trasnacional, no pocas son las tradiciones antropológicas (autores, escuelas, historias, modalidades de hacer antropología) que han sido invisibilizadas y silenciadas. Lo que se aparece como las antropologías y antropólogos estadounidenses (o las inglesas o francesas) en el campo de la antropología transnacional, o incluso en los relatos dominantes dentro de la misma formación nacional, es el efecto de una ‘selección de tradición’ (a la Williams).

Entre los mecanismos concretos que operan en el campo trasnacional de la antropología que apuntalan las asimetrías entre antropologías y antropólogos están los referidos a la predominancia del inglés en el campo así como toda una serie de etiquetas y prácticas escriturales, de publicación y de traducción que posicionan a unos colegas y establecimientos sobre otros. Esto se expresa en la jerarquización de las revistas especializadas y casas editoriales, a partir de sistemas de indexación y sus capturas en las bases de datos, que habilitan y legitiman unos estilos de publicación y de práctica antropológica en menoscabo de otros.

Además, los desiguales recursos económicos y laborales, que se traducen en diferentes condiciones de producción y circulación del conocimiento antropológico, a menudo se traducen en que ciertas voces sean más escuchables que otras. Como si esto fuera poco, que los procesos de formación de antropólogos suela incluir unas instituciones y lugares como más prestigiosos que otros, tiene el efecto de la reproducción desigual de tradiciones y autores por parte de la diáspora de discípulos allí formados en lo que a menudo puede ser considerado actitudes de mimesis colonial.

Para transformar los privilegios y asimetrías del campo antropológico transnacional, no es suficiente con apelar a actitudes paternalistas de abrir pequeños espacios para visibilizar a esas antropologías y antropólogos silenciados por el campo de la antropología trasnacional. Estas tecnologías de la acción afirmativa, a veces apuntaladas en las narrativas de (auto)victimización, no subvierten realmente las relaciones de poder y las desigualdades que configuran el campo antropológico trasnacional. Suelen tener el efecto de minorización y exotización de unos estilos y prácticas antropológicas y de unos antropólogos, sin cuestionar lo que sigue apareciendo desde el sentido común antropológico como la (no marcada y normalizada) práctica antropológica.

Apuntar a una sustancial horizontalización del campo transnacional de la antropología requiere mucho más que buenas intenciones de algunos colegas privilegiados o de acciones puntuales en algunas instituciones. No es posible horizontalizar el campo trasnacional de la antropología si este continua hablando en uno o unos pocos idiomas. Tampoco es posible tal horizontalización si las prácticas de publicación, traducción, editoriales y citacionales siguen privilegiando ciertas voces. Finalmente, no se pueden revertir asimetrías naturalizadas si no se cuestionan los lugares, las etiquetas y protocolos de los congresos, así como los mecanismos de autorización y autoridad de todo un entramado institucional que alimenta el colonialismo intelectual y el extractivismo cognitivo. En últimas, cualquier iniciativa que busque revertir las asimetrías derivados del actual campo antropológico trasnacional supone un cuestionamiento a sus actuales políticas de la ignorancia.3

En el entramado institucional del campo antropológico transnacional, el Consejo Mundial de Asociaciones de Antropología (WCAA) podría significar un aporte a la horizontalización del campo. No obstante, para que esto no se quede en unas buenas intenciones es indispensable diseñar acciones y tomar medidas concretas que contribuyan realmente a cambiar los términos y contenidos de las conversaciones antropológicas en el mundo. No es suficiente con fomentar la consolidación de una burocracia antropológica trasnacional, anclada a la defensa de intereses gremiales, si no se cuestionan los privilegios de unas antropologías y antropólogos que subalternizan y marginan otras antropologías y antropólogos. La burocracia antropológica trasnacional y la densificación de sus entramados institucionales pueden de hecho convertirse en una traba de la horizontalización del campo antropológico trasnacional o, peor aún, puede devenir en un dispositivo más de reproducción de las asimetrías y jerarquías en este campo.

Iniciativas como el espacio En sus propios términos, que tiene como propósito que “las antropologías locales puedan expresarse”, pueden ser relevantes si se tiene en consideración que todas las antropologías son locales y que el hecho de considerar que unas necesiten de espacios como estos es porque el campo antropológico trasnacional ha naturalizado en una posición dominante otras antropologías locales que no aparecen como tales sino que ocupan cómodamente el lugar de la antropología dominante o hegemónica. Hay que provincializar (para recurrir a una conocida expresión de Chakrabarty), ciertas antropologías y antropólogos con sus prácticas académicas y burocráticas asociadas como condición de posibilidad para el florecimiento de un campo antropológico transnacional realmente horizontal.

Esto no significa un argumento a favor del multiculturalismo, las políticas de la identidad o el relativismo dentro del campo antropológico transnacional, sino una crítica radical a las condiciones epistémicas, institucionales y políticas asociadas a relaciones de poder concretas que mantienen privilegios y naturalizan ciertos cánones.

El WCAA no puede estar al margen de las relaciones y condiciones materiales y simbólicas que reproducen las asimetrías en el campo trasnacional de la antropología. Por tanto, si el WCAA no asume acciones sistemáticas y sustanciales hacia la horizontalización de este campo, iniciativas como En sus propios términos devendrá en una simple nota al pie de página contra la mala conciencia colonial que, a veces, perturba el sueño de algunos de sus miembros.

Endnotes

1 Dr. en Antropología, Universidad de Carolina del Norte-Chapel Hill. Director de la Maestría de Estudios Culturales y del Departamento de Estudios Culturales. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.

2 Para conocer con detalle algunos de los resultados de estas conversaciones se puede consultar Gustavo Lins Ribeiro y Arturo Escobar (eds.). 2008. Antropologías del mundo. Transformaciones disciplinarias en sistemas de poder. Bogotá: Ciesas-Envión-Wenner Gren.

3 Sobre este concepto, ver Eduardo Restrepo (2011): Politics of ignorance in the transnational field of anthropology, Postcolonial Studies, 14 (3): 299-312.